domingo, 28 de febrero de 2010

Algo Distinto, Luis O´Malley


ALGO DISTINTO


Avenida Marítima
Luis O´Malley



Al camarero le pido una cerveza. Voy a perder la línea.
Todos los días, no fallo ni uno solo, me voy a correr a la avenida. Pantalón de licra, música a toda mecha, las playeras, una faja para sudar, una camisa y una chaqueta de chándal.
A perder líquido, a perder la barriguita. Que a las tías no les va la panza cervecera.
Pero al camarero le pido una cerveza. Y que me active la máquina del tabaco.
Son las dos de la mañana. Una cerveza, un cigarro, pantalón de licra.
Estoy empapado, lleno de arena.
Me acabo de enamorar.
Si, necesito beber esta cerveza.


Trabajo en el ayuntamiento, soy funcionario, gano lo suficiente para pagarme mis cosas; un pisito alquilado, la comida, poco más. Porque no tengo demasiados vicios, y tampoco tengo pareja.
Porque no tengo pareja. Eso espero que quede claro, que estoy libre.
Total, que mi vida va bien, tranquila. Treinta y un años. Tengo amigos, dos o tres, ¿para qué más?
La cerveza no está mal.
Me acuerdo de ti. Creo que tendré que pedir otra.


Me pasa por curioso. Estas cosas me pasan por curioso. He ido corriendo por esa avenida muchos días en los últimos tres meses desde que decidiera empezar a hacer deporte, he visto ese barco oxidado y varado muchísimas veces. Pero quizás sea el destino que no quería que hasta esta noche me entrara la curiosidad, decidiera bajar por el mástil que está pegado a la avenida y ver que había en el interior del barco.
¿Qué puede haber dentro de un barco varado?
Olor a óxido. A salitre. 
Y agua, a los cinco metros había agua. Y en el agua estabas tú.
Y te vuelvo a recordar. Tengo que beber otro buen trago de cerveza. 
Porque al verte caí muerto. Mi corazón se paró. Yo lo noté. Eso es lo que le pasa a la gente que ve a… bueno… a seres como tú.
Y entonces, muerto en mitad del barco varado, te acercaste reptando hasta que el agua no te permitió ir más allá. Alcanzaste mi mano y la besaste. Mi corazón volvió a latir. Y te vi cerca, yo en la parte sin agua, tú disfrutando del salitre. Y me enamoré de ti. No por salvarme la vida, no por el beso en la mano.
Fue porque sabía que tú eras quien podía iluminar mi vida.
Pero es un amor imposible. Lo sé. No puedo enamorarme de una sirena. Aunque tú tampoco de un ser humano. Pero seguro que algo has sentido por mí, eso lo se yo.
Sobre todo cuando valiente yo, invadí tu parte de agua y te besé.


En esta ciudad se me agota el amor. Supongo que por eso lo encontré en el mar.
Pero eres una sirena. No puedo enamorarme de una sirena.
Tengo que beber un poco más.


Al besarte te quedaste un largo rato en silencio. Mirándome como si fuera la primera vez que vieses a un humano. Yo creí que estabas furiosa, por eso de robarte un beso.
Pero no. Creo que te gustó.
Porque me agarraste por la cintura y me tiraste al agua.
Y fue como si bailásemos en alta mar. Como si tuviéramos una sincronización perfecta entre tú, yo y las olas. 
Era como estar soñando. Pero no, sé que pasó de verdad.
Sé que tú eres real.


El camarero me mira. Van a cerrar.
Me marcho del bar, camino por las calles.
Iré a la avenida otra vez.


En esta ciudad se me agota la respiración. Por eso la encontré en tu pecho.
Porque viajamos por el océano y cada vez que me faltaba el aire, me lo dabas con tus besos. 
Pero luego me desanimaba cuando me parecía que por momentos lo tuyo conmigo no era amor, era simplemente un juego.
Y yo no estoy para juegos. Lo siento.
Estoy para que el amor sea una partida de taquicardias sublimes.


Voy de camino a la avenida. Me saco una cerveza de una máquina.
Te aseguro una cosa, no soy un bebedor empedernido. De hecho no me tomo más de dos en una noche.
Pero hoy es distinto. No todos los días se conoce a una sirena.
Necesito un par de tragos para no pensar en ti.
Pero pienso. Y pienso mucho.
Sé que hoy no dormiré. Necesito llegar a una conclusión.
Porque aún recuerdo que al despedirnos te rogué que no te fueras. Y tú me dijiste que lo nuestro es imposible. 
Pues no te hubieras acercado a mí. Ahora es tarde.


Y te dije que me dieras una oportunidad para demostrarte que lo nuestro merece la pena el intento. Que seré lo que tú quieras que sea. Que si tengo que convertirme en pez, o fabricarme unas branquias, o ponerme aletas, yo lo hago.
Yo por ti hago lo que sea.
Aunque no se ni tu nombre, ni tu el mío. Pero eso da igual, es lo de menos. Porque el uno conoce el sabor de los besos del otro. Y ya está.
Porque esta noche he pensado y dicho más cosas bonitas que en toda mi vida.
Y todo por ti.


En esta ciudad se me agotan las sonrisas. Ahora las veo en el agua.
Porque con recordarte me siento feliz. Es una tontería esto que pienso, yo lo se. Pero es verdad, qué quieres que haga, no te puedo mentir. Además, en este estado mentir es imposible, bien lo sabes tú.
Me gustaría decirte muchas cosas. Si te tuviera delante, te diría todo aquello que me callé hace un rato, cuando ya agotado nuestro tiempo me dejaste en la orilla de la playa, lleno de arena y vacío de ti.


La cerveza se me agotó. Y mis pasos van a dar a la avenida.
Estoy frente al mar. Ojalá asomaras la cabeza y gritándome me invitarás a entrar en tu mundo.
Que maravilloso país donde vives.
Por eso que me enamoré de ti. 
Porque todo lo que te rodea a ti es algo distinto a todo lo que me rodea a mí. 


Todavía recuerdo que lo último que me pediste fue que te diese una razón que te lanzara a luchar por mí. Y que si esa razón era lo suficientemente poderosa, entonces tú reaparecerías entre las olas para arrastrarme contigo hasta el fondo del mar.
Luego te marchaste corriendo. No me dio tiempo a preguntarte como podía hacer algo así.
Y no sé cómo hacerlo, de verdad. Estoy desesperado por demostrarte que por ti haría lo que fuera. Lo que sea. Que me ahogaría luchando contra tempestades.
Te conozco hace un rato. Y sé que esto es una locura.
Pero ojalá todas las locuras de mi vida fueran así.


Conozco poco de las sirenas, solo leyendas, y que tienen poderes. Incluso he llegado a leer que son capaces de leer los pensamientos de la gente.
A lo mejor esto no está funcionando.
Pero yo pienso todo lo que tenía ganas de decirte, porque quizás allá, en mitad del océano, estés escuchando cada palabra que ahora estoy pensando.


Y sigo pensando palabras tan rápido como pienso en ti.
Mi camino se acaba frente a las olas que chocan en el muro de la avenida.
Te espero en una señal.
No se si todo lo que he pensado te haga recapacitar para que luches por mí.
Dios mío, no se si lo que pienso lo estás escuchando si quiera.
Espero que sí.


Te juro que no son las cervezas, ni la novedad de saber que eres una sirena. Es porque me parece que al menos por una buena temporada lo nuestro podría ser tan hermoso como inesperado.
Entiéndeme bien, lo nuestro podría no ser eterno, pero si genial.
No se, pero creo que en la mezcla de polos opuestos está el verdadero amor.


No pienso más. No te puedo decir más.
Ahora, mirando al mar, contaré hasta tres, y al llegar a tres ojalá todo lo que he pensado te haya conmovido hasta tal punto que de repente salgas del agua, y de un abrazo me lleves contigo a darnos un par de tiempos felices.
Ojalá que al llegar a tres algo brille en mitad del mar, y seas tú quien venga a buscarme.


Porque ya no tengo nada más que pensarte.


Y tiro la cerveza a un lado.
Y respiro profundamente.
Y empiezo a contar hasta tres.
Uno…
Dos…
Tres.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Oasis, Cripzy Romero






Oasis

Mesa y López.
Cripzy Romero.




¿Alguna vez has visto un espejismo? Imagina lo que siente ver el manantial mas hermoso cuando la sed es insaciable, sabiendo que si intentas alcanzarlo se desvanecerá entre tus manos... 
En frente del Corte Ingles al este de la avenida Mesa y López. 
Todos son hombres, la mayoría sobrepasan los 40, el tiene unos 30. 
Son como las once de la noche y el grupo recoge los instrumentos para irse, algunos al bar otros a casa. 
Caminaré hacia donde me lleve la noche y como todas las noches eventualmente llegaré a mi destino, nadie y sobre todo ni yo mismo; pensó que llegaría a tantas noches.  
  
Hace días que le veo pasar, me fije desde mi sitio, su perfil no ha cambiado. Va rápido; en ocasiones parece enfadada. Le sigo con la mirada, viéndome varias veces tentado a dejar la guitarra y seguirla, pero no he tenido el valor y me temo que no tendría las fuerzas. Suele aparecer al anochecer, en ocasiones pasea, otras parece no saber a donde va. 
Mientras venía de camino, al mirar un escaparate me pareció verla, pero solo era un maniquí, quizá me este volviendo loco quizá mis adentros me recuerden que algo no anda bien. 
  
Camino calle arriba lentamente, los comercios comienzan a cerrar, las luces se apagan poco a poco, llevo la guitarra a cuestas como todas las noches, ella no se irá... 
  
No puedo sacarla de mi cabeza, quizá mañana la detenga, no se si me atreveré.  
  
A veces parece triste, otras enojada, no la he visto sonreír, es curioso como extraño su sonrisa. 
  
Mi mente divaga hacia los viejos tiempos, aquellos en los que solíamos sonreír de tan solo encontrar nuestras miradas, cuando el calor que expedían nuestros cuerpos en el invierno era suficiente, cuando llevábamos siempre un te amo a flor de labio, cuando no le tenia miedo a mis latidos porque solo significaron que amaba. 
  
En el mismo lugar, son como 8, menos que la vez anterior, rondan los 60, él tendrá 50. 
Hoy el grupo ha accedido a cambiar la melodía de pronto cuando aparezca, la veré venir y les daré la señal. Puede que así me note, que mire en mi dirección y encuentre reconocimiento esta vez en su mirada. A lo mejor si escucha nuestra canción, de aquella Noche Fría, se rompa el hechizo que nos separa. ¿Encontrara que mi voz ha cambiado? ¿Que mi aspecto no es el de antes? Pero si me mira, mi jornada sera mas corta esta noche y puede que me deje pasear junto a ella, escuchar sus penas,  planificar vernos mas allá... 
Él tiene 26. 
  
Los adoquines recogen el ruido que podrían hacer su pasos y yo quisiera ser la acera para sentirla, escucharla sostener su peso. 
  
Hoy, de camino hacia la casa me pareció verla otra vez. Caminaba con prisa unos pasos frente a mi, es tarde y la esquina es oscura,  al doblar ya no estaba allí. No se que habría pasado esta vez, si hubiese intentado alcanzarla, asirla por el brazo, tomarla entre los míos y besarla y si no me quiere o peor y si otra vez no esta ahí. 
  
38. 
La otra tarde parecía que me observaba, se que miraba en mi dirección pero aun así su mirada lograba traspasarme como si justo tras de mi hubiera algo aun más importante, aunque solo había una pared era como si incluso pudiera ver mas allá. 
  
Como es posible. 
Como puede hacerlo. 
Porque la terrible indiferencia.
Le grité.
Su respuesta fue nula, sin sonrisas, su gesto fue el de mover la cabeza a un lado y continuar mirando a través de mi hasta hacerme desaparecer. 
  
Mis amigos me dicen que es un río demasiado grande para ser salmón, que no hablo de otra cosa, ha pasado tanto tiempo y no puedo dejar de pensar en ella. 
Continua  diariamente, paseando frente a nuestro grupo, se que todo el mundo pasa por aquí, pero ella pasa cada día a la misma hora aunque mis compañeros digan no notarla. 
Yo cada día en vez de amarla menos, la amo más, mi guitarra se lo cuenta de manera distinta cada vez. Aún si pareciera que en realidad ella no esta ahí. Mi amor es la tortura y el bálsamo a la vez. 
42. 
  
Hoy pasé por la heladería y he pedido una vez más su sabor favorito, aunque a mi no me gusta, cuanto quisiera compartirlo con ella, hablar, reír juntos, como lo hice cuando era un niño y no temía que se fuera. 
  
Lo supe desde el día que nos conocimos, sabia que mi vida de ahí en adelante no seria la misma, tenia 14 años y estaba a solas en mi habitación al llegar del hospital, cuando la note por primera vez. Se convirtió en mi todo, me acompañaba a todas partes, era objeto del deseo, el placer y mi psicosis a la vez. Con el pasar de los años ambos crecimos, yo siempre más que ella, ¡Dios! siempre ha sido hermosa y para mi sus ojos brillan más fuerte que el sol. Ha estado a mi lado incluso cuando está lejos, me incita, me provoca, me cuida y siempre esta ahí a mi lado. 
En este lugar, el tiempo es irrelevante, la gente que pasa parecen celajes o será que solo tengo tiempo para ella... 
Esta noche caminare en la misma dirección, ella caminará conmigo y yo no podre hacer nada al respecto, y mañana la veré otra vez y nadie mas lo hará como todos los días de todos los años desde que apareció en mi vida y calmó mis pesares y mi soledad, no me importa lo que piensen los demás, ella salió de mi necesidad y la cubre, prefiero quedarme en este mundo, en la calle donde vive ella, aunque tenga que mirarla desde lejos, ella es parte de mi y yo soy ella, prefiero eso a la alternativa de arena... 
  

domingo, 21 de febrero de 2010

Amor de Leche, Borja Txeira



AMOR DE LECHE






PARQUE SANTA CATALINA
Borja Texeira



Parque Santa Catalina. Parada de la línea 13. Javier salía de visitar a su último cliente del día. Estaba de buen humor, había vendido otro seguro. Llegó y se sentó allí a esperar la guagua. Siempre que Javier esperaba en aquella parada, se acordaba de aquel verano de 1990, cuando se pasó toda la estación estival en la Playa de Las Canteras. Por aquel entonces tenía ocho años. Por culpa de la crisis que sufría medio mundo en los comienzos de aquella década, sus padres habían decidido pasar el verano en la capital y no en el sur de la isla como era común en ellos. Javier comenzó a repasar por un momento los motivos por los que recordaba aquel verano. 
Casi todos los días iba con su madre, su hermano pequeño y su abuela. Con ocho años la ilusión de ir a la playa en cualquier niño puede ser más que notable, pero aquel verano se convirtió para Javier en la ilusión de su corta vida, nunca se había sentido tan eufórico y con más ilusión que la de ir a aquella playa. Nunca nadie agradeció tanto aquella crisis económica, como lo hizo Javier, y eso que no entendía nada del asunto.  Al principio lo mejor no era estar en la playa: lo mejor era cuando venía la hora de marcharse y tenían que acercarse a aquella parada para ir a coger la guagua. 
Toda esta ilusión comenzó uno de los primeros días de aquellas vacaciones. Estando en aquella parada, se acercó a ellos una señora muy alta y rubia, que para Javier hablaba de una forma muy extraña, preguntando si había pasado la “0A”. Su madre, más tarde le explicó que era extranjera y por eso no hablaba correctamente español. A Javier le asombraba la capacidad de todos los adultos de su familia para identificar la procedencia de todas aquellas personas que hablaban raro y eran rubias. Los extranjeros tendrían que venir de muy lejos, pensó.
Con aquella señora alta como una palmera, iba una preciosa niña rubia de ojos azules, tan azules como el mar cuando está en calma, y de tez bronceada por el sol que le miraba fijamente. Esta triple combinación era lo que le provocó a Javier en aquel momento un nudo en el estómago que le subió y bajó con la velocidad de un rayo, y que le aceleró el corazón mucho más que aquellas carreras que  hacía con sus amigos en el colegio: el pelo resultaba tan rubio como aquellas personas que salían en el anuncio del champú, y aquellos ojos se clavaron con fuerza en su atención de tal forma que no logró saber de que manera había terminado la conversación entre su madre y aquella señora. De pronto, madre e hija, se habían despedido y se iban a otra parada que quedaba a unos veinte metros. La niña mientras se alejaba, viró su cabeza y le sonrió, mostrando en su amplia sonrisa el hueco de un diente. Javier también le sonrió cuando cayó en la cuenta de que a el también le faltaba el mismo diente.
Se volvieron a ver durante los días siguientes. Ésta coincidencia había hecho que las respectivas madres se saludaran cordialmente. Siempre en la parada de la guagua a las siete de la tarde. Siempre tan cándida y con esa sonrisa tan bonita a la que le faltaba un diente. El mismo que a Javier.
Pero un día, tuvieron que volverse antes porque el hermano pequeño de Javier no se encontraba bien. Había vomitado el almuerzo y su madre decidió adelantar la hora de salida y volverse a casa. Ese día no apareció la niña. Una vez en la parada de guaguas, Javier miraba hacia todos los lados con los ojos bien abiertos, como si intentase ver más allá de los muros y edificios que rodeaban el parque, con la esperanza de verla, pero no fue así. La tristeza le embargó por un momento y pensó que quizás esa niña extranjera, ya había vuelto a su país, ese que quedaba tan lejos. Pero luego, como para consolarse, plantó en su cabecita un razonamiento de adulto. Claro, pensó, nos hemos ido antes y por eso no la he visto. Tenía razón. Javier nunca lo pudo saber pero unas dos horas más tarde pasaba por delante de la parada de la guagua aquella niñita rubia de la mano de su madre. Ella miró, pero aquel niño al que le faltaba el mismo diente que a ella no estaba. 
Sandra, que así era como se llamaba la niña, pasó durante los siguientes días por la parada de la guagua, y esperaba con ansiedad ese momento, pero aquel niño seguía sin estar allí.
Durante aquellos días Javier odió a su hermano más que nunca, más que cuando se llevaba una torta por su culpa, y no paraba de preguntarle a su madre que cuando volverían a ir a la playa.
- Cuando tu hermano se ponga mejor, ya te lo he dicho.- respondió un sin fin de veces la madre.
Una semana tardó Javier y su familia en volver a la playa. Una vez allí Javier sólo quería que llegase la hora de irse, pero tenía que ser a las siete de la tarde para ver a la niña, o al menos así había sido anteriormente y así lo deseaba el chico.
-Mamá, ¿a qué hora nos vamos?
- Como siempre, cariño.
- ¿A las siete?
- Sí. Tanto jaleo que querías venir a la playa y ahora ya estás pensando en irte.
Javier no escuchó la última frase, porque entre tantas cabezas en la playa pudo ver, de repente, una pamela blanca con una cinta celeste. Era ella. Los pulmones se le llenaron de felicidad, con más aire del que había cogido en toda su vida. Siguió mirando y vio que la madre de la niña, aquella señora rubia más alta que una palmera, también estaba por allí. Venían llegando y buscaban un sitio.
-¡Mamá, mira! ¡La niña de Extranjería! – había dicho gritando y señalando con el dedo. Javier hoy recordaba aquella frase con gracia. De niño pensaba que todos los extranjeros venían de Extranjería, un país muy grande y que estaba muy lejos. 
Tanto anduvo, hasta que consiguió convencer a su madre para que se acercara a la señora y le invitara a ponerse con ellos. La señora, aceptó de buen grado. La niña, estaba más guapa que nunca, pensó Javier en aquel momento. Con su trajecito celeste y la pamela blanca con la cinta, a juego con su traje… y con sus ojos.
A partir de ese día y durante tres semanas más Javier y Sandra compartieron juegos de arena, haciendo castillos, tortugas y estrellas de mar. La hora del almuerzo no era igual para ninguno de los dos si no comían arropados por la misma toalla que les secaba del último chapuzón. Los helados de fresa y vainilla. Los chicles kilométricos de Boomer. Las carreras por la orilla. El dolor y las lágrimas de Sandra por la picadura de una medusa y las lágrimas de Javier por verla llorar. Vivencias de lo que ahora Javier, veinte años después, definía como su primer amor, aquel que a muchos marca y a pocos deja indiferente.
Luego vino la despedida, aunque Javier nunca tuvo conciencia de ello. Para el fue un día más. Lo último que recordaba era verla dirigirse hacia la parada de guaguas con su madre, con su traje celeste de playa, mirando hacia atrás con una sonrisa donde aquel diente ya había empezado a crecer. Igual que a Javier. Los últimos días del verano, el chico seguía yendo a la playa, pero ya hacia tiempo que no era lo mismo, no había ilusión. Por más que miraba hacia todos lados en la playa y en la parada de guaguas, ella nunca apareció. Incluso se le metió en la cabeza que un día, cuando fuese actor de cine, lograría reunir el dinero suficiente para viajar a Extranjería. 
Todo esto duró hasta que empezó de nuevo el colegio y Javier se vio metido en la rutina escolar de un nuevo curso, otras vivencias y otros amores. Y aunque pasaron los años siempre se preguntaba que qué habría sido de aquella niña. Si fuésemos capaces de proyectar nuestro propio futuro, veríamos que nuestro destino es la consecuencia de nuestros actos, aunque sean veinte años después, y aún así nos sorprendemos. A saber cuál se habría labrado Sandra…
-Perdona, ¿sabes dónde se coge la 0A?- preguntó lentamente una voz femenina, como con cuidado para hacerse entender bien en castellano. Javier salió de todos estos recuerdos en los que llevaba un rato ensimismado y miró hacia su izquierda. A Javier se le hizo un nudo en el estómago que le subió y bajó con la velocidad de un rayo, y que le aceleró el corazón mucho más que aquellas carreras que hacía con sus amigos en el colegio. 
Una preciosa chica rubia de ojos azules, tan azules como el mar cuando está en calma, y de tez bronceada por el sol le miraba fijamente…

miércoles, 17 de febrero de 2010

Distorsión, Abián Afonso





DISTORSIÓN


La Isleta
Abián Afonso 




CQ, CQ, Para unidades España Norte, respondan.
España 10 adelante, España 14 adelante, España 11 adelante.
Nos han alertado de una posible violencia de género en curso en la Plaza de España, el alertante nos informa que la mujer está recibiendo varios golpes propinados por un varón, de 1,75 metros aproximadamente, complexión normal y pelo oscuro corto.


España 11 se dirige al lugar.
España 10 va en apoyo de España 11.
España 14 se encuentra con una incidencia en el Cebadal, desde que finalicemos el servicio nos acercamos por la zona.
Recibido unidades España, pasen novedad cuando finalice el servicio.
QSL España 10 y 11.


-Jessica son las cuatro y media de la mañana, mira donde estas y de donde has venido, no hace falta que te recuerde quien te dejó la cara como la tienes, ¿no?
-No hace falta, lo recuerdo perfectamente, pero es que ustedes no lo entienden, el no quería hacerme daño, nunca le hago caso, déjame hablar con él, déjame pedirle perdón.
-Como puede ser que le quieras pedir perdón, no entiendo como puedes ser capaz de rebajarte tanto, denigrarte diciendo que tienes tú la culpa y que él no quería hacerte daño, si no llegan las patrullas en ese momento no estaríamos hablando ahora mismo, estarías en el hospital o en otro sitio.
-¡Calla!, no sabes lo que dices, no le conoces, el me quiere de verdad, es la única persona que me entiende, lo que pasa es que yo solo le doy problemas, no soy capaz de entender que se pasa todo el día trabajando para traer dinero a casa, traer comida, vestirme y pagar todos mis gastos.
-Jessica, ¿acaso le han obligado a que lo haga?, ¿acaso tú le has dicho que lo haga?, toma, coge este pañuelo y sécate las lágrimas por favor.
-Gracias.
-Dime, ¿tú le has pedido que te cuide tanto?, ¿tú le has dicho que quieres buscar trabajo?, ¿tú crees que es normal que te insulte y te pegue?
-No, yo no le pedí que me cuidara, salió de él y se lo agradezco, ¿Quién crees que contrataría a una chica que no sabe hacer nada? además, él no me insulta y no me suele pegar, lo que pasa es que yo no entendí que hoy salió cansado del trabajo y se fue con los amigos al bar, bebió un poco mas de la cuenta y cuando le vi llegar a casa salí al parque enfadada porque no me avisó.
-Como es eso, ¿no te suele pegar?, ¿tú estás escuchándote?, cuando una persona quiere a otra no hay golpes ni insultos que puedan interponerse a las palabras, una persona quiere con el corazón, no con la mano, muchas mujeres han pasado por esa silla antes que tú, algunas acaban viendo la realidad del asunto, pero por desgracia otras no. Lo más que puedo aconsejarte yo es que pienses si lo que tú estas sufriendo es lo que quieres o te gustaría que sufriera tu hija, imagina como seria llegar a tu casa y observar como esos golpes y esas marcas de amor y cariño que tienes por todo tu cuerpo, empiezan a estar en el cuerpo de tu hija, ya sea porque a esa persona a la que quieres proteger tanto, empieza a tratar con tanta delicadeza a tu hija, o por el contrario, porque otro hombre empieza a querer a tu hija como te quieren a ti, solamente te pido que lo pienses bien, medita y hablamos dentro de un rato, cuando llegue las personas que llamamos. Tal vez ellos sepan entender tu versión del amor idílico y perfecto.
-¡¿Por qué te burlas de mi forma de vivir y de querer?!, ¡¿Acaso la tuya es mejor que la mía?!, ¡¿Tu marido te espera con una sonrisa en la cara y un ramos de flores en la cama cuando llegas de trabajar?!, tal vez tu hayas tenido la suerte de vivir en una familia rica que te pudo proporcionar estudios y todo lo que se te antojó, pero por desgracia yo no terminé de estudiar aunque tuve la suerte de que me encontrara un buen hombre, uno que me mantiene, y gracias a eso no acabé viviendo en la calle.
-¿Como? Me estas diciendo que gracias a esa persona que te envía al hospital a al centro de salud, que te golpea porque te quiere, que te hace pensar que no sirves para nada, por la que tú tienes que vivir, trabajar y a la que tienes que obedecer como una mascota bien adiestrada, ¿que gracias a él eres una mujer feliz y completa?, perdona que te diga, pero lo único que eres es una pobre desgraciada que no ha llegado a ver mas lejos del cuarto donde mueres, porque tú no vives con una pareja, padeces una maldición, la de la ceguera.
-¿Por qué dices ceguera?, yo creo que sé muy bien lo que veo, con quien estoy y lo que hago, ahora mismo me da la impresión de que eres tú la que quieres que le denuncie, la que va a disfrutar metiendo a mi hombre en el calabozo, ¿acaso te ha pegado a ti? porque no entiendo ese odio que le tienes.
-No es odio lo que tú crees que le tengo, solo es impotencia de que durante tanto tiempo te haya estado diciendo que no vales para nada, que no sirves sino para hacer la cama, la comida y limpiar la casa, porque seguramente que cuando se acuesta contigo no es igual que las primeras veces, seguro que ya no disfrutas cuando haces el amor, porque seguro que ya no haces el amor sino que te folla hasta que se queda saciado, dándote un beso cuando termina y volviéndose a dormir o a ver la televisión.
-Alguna vez no te digo que cuando acabemos de hacer el amor se acueste a dormir, pero porque está cansado del trabajo y se tiene que despertar temprano.
-Alguna vez…, la ultima vez…, aquella vez…, una vez…, esa vez…, si te das cuenta son demasiadas frases que acaban o empiezan con vez, si piensas detenidamente no es la misma persona que conociste cuando empezaron a salir, cuando se empezaron a conocer, cuando te enamoraste de él.
-La gente va cambiando con el paso del tiempo, ese es el motivo, tiene mas preocupaciones, mas obligaciones.
-¿Recuerdas las cosas que pensabas cuando estabas en el colegio?, que te imaginabas que serias de mayor ¿azafata?, ¿presentadora?,¿cocinera?, ¿profesora?, ¿pelu...
-Botánica o guarda de algún campo protegido, siempre me gustaba ir a pasear con mis padres por los parques donde plantaban flores y árboles, me sentía bien, me sentía libre…
-Pues esa es la libertad que te ha quitado esta persona, esa libertad y esos sueños que tendrías que haber tenido todavía. Esa es mi impotencia y mi desprecio por ese tipo de hombres. Ese es el motivo por el cual tú tendrías que abrir los ojos, respetarte a ti misma y hacerte respetar, demostrarle que vales mas de lo que piensas, decir: ¡Hasta aquí llego!.
-¿Y si no se hacer eso que tu dices?, según me cuentas parece fácil, pero yo no he sido capaz de hacer nada por mí en muchos años, ¿cómo se supone que podré hacer esto?
-Para eso estamos nosotros, para ayudarte. No te preocupes que ya están llegando las personas que llamamos para que te ayuden mejor que yo, tienes que hablar con ellos primero y después hablamos nosotras otra vez, ahora vete con ellos y estate tranquila, ya todo va a cambiar desde este mismo momento, volverás a ser libre y seguramente volverás a sonreír, pero lo mejor de todo es que ya no volverás a llorar por culpa de un hombre que no te quiere.
-Gra.., gra.., gracias por no abandonarme.
-Tranquila.


Siempre que tengo este turno acabo cansadísima, pero cuando tengo que pasar casi una hora y pico haciendo ver a una pobre desgraciada como son las cosas, acabo peor, cuantas veces habré pensado en salir de esta oficina, de estar tranquilamente tomando café y riéndome con los compañero en la calle, pero bueno, para ser feliz hay que ceder en unas cuantas cosas.


-¡Ramos!, vamos a ir todos a desayunar a la churrería cuando terminemos el turno, ¿te apuntas?
-Bueno, ha sido una noche larga, dura, además de todo el trabajo que me trajeron, cabrones, con las ganas que tenia de sacar unos papeles atrasado y de estudiar un poco,  creo que me merezco que me inviten a ese chocolatito, ¿¡no!?.
-Jajaja, claro que si, venga, yo mismo te invito al chocolate y Lujan te invita a los churros. Lujan, ¿la invitas?
-Claro que si, no creo que me saque de pobre unos churros.


Ya estamos desayunando, pedimos cuatro chocolates, dos café con leche y un solo largo, churros para 6, un sándwich mixto y otro vegetal, dos vasos de agua fría sin gas y uno natural con gas, el camarero nos atiende rápido, se nota que ya somos conocidos, creo que pagamos entre todos los de la unidad el salario de unos cuantos trabajadores del bar, pero se come bien y es limpio. Observándonos aquí sentados nadie pensaría que llevamos 10 horas trabajando, pero bueno, este es un buen momento para descansar, desconectar y reírse con las anécdotas de cada uno, me lo paso bastante bien, pero creo que ya va siendo hora de retirarse, ya es temprano y no quiero llegar mas tarde a casa.
Me levanto de la mesa y me despido de todos, Luján no me deja pagar, me dice que era la invitación que me debía, que lindo es, es como un padre para todos nosotros. Tengo que darme prisa, no quiero llegar muy tarde, ¿estará despierto?, espero que no.




domingo, 14 de febrero de 2010

Pequeño Mundo, Tania Rodriguez

Tania Rodriguez



"PEQUEÑO MUNDO".



Tania Rodriguez
Valle de Jinamar


II Fase. Bloque 21. 6º C
22.45
“Calabaza, calabaza, cada uno p’a su casa”.
Esa era la famosa frase de tu mamá para echar a Paquito, que venía significando: “niño vete ya, que me tienes profundamente saturada”. Y el pobre se reía, claro. Sólo tenía que abrir la puerta y caminar un paso: 6º D, ya estaba en casa. Mañana era sábado y ya sabías que ibas a aburrirte. Encima el ascensor estaba roto otra vez. Mejor, así no vuelves a ensuciarte los dedos de escupitajos al marcar el piso.


12.30
“El aaaaagua tenteniguada señoressss… eeel aguaaa”.
Desde tu cama ves el bloque 24 y una esquina del Ram. Qué divertido sería tener un catalejo de esos que puedes ver a todo el mundo desnudo. Bah, el cuarto de Paquito es menor porque se ve la carretera y se puede jugar a lo de elegir coches. Él siempre elige los blancos y te deja los rojos, pero tu sabes que eso es trampa porque siempre gana por los taxis y las ambulancias.
Te vas a ver la tele, toda tu ristra de series: “El señor Belvedere”, “Un robot en casa”, “La tribu de los Brady”, “California Dreams”, “Los vigilantes de la playa”, etc. Y ya, con la cabeza cuadrada y el signo de antena 3 marcado en la frente, preguntarle a papá si te deja salir un rato. ‘¿A la calle?, ¿para qué? No tienes por qué salir, yo no quiero que te juntes con esa gente y te conviertas en una callejera malcriada’. Tú ya sabes por qué dice eso. Ayer te vio hablando con Gloria la del once, la que tiene los mofletes llenos de hoyitos de neumático por el accidente que le atropelló la cara. Pero te gustaba oír sus carcajadas de animal contento.


18.30
La cosa era esconder todos los juguetes pequeños, los del Mc’Donalds y los de los huevos Kinder. Esconderlos en medio de la plastilina verde. Luego había que leer a Espronceda (Poesías líricas), en voz alta. Sólo aquel montículo verde al que le salía bien de una vez, entero y sin fallos en la pronunciación ni cualquier otro tipo de equivocaciones, era liberado de la asfixia y se le perdonaba así la vida. De todas formas el juego ya era aburrido. Los poemas te los sabías casi de memoria y al final todos sobrevivían.
Después te duchas, y como te chorrea el pelo te pones una toalla azul en la cabeza. Pero al final no es una toalla, sino tu pelo, porque eres una sirena incapaz de comer algo que no sea galletas Príncipe. Las abres así por la mitad y te comes sólo el chocolate de un lado. Serás tramposa. Acabas de llegar a la Tierra, (porque eres una sirena de otro planeta, claro), y estás impresionadísima con todo. Así se lo cuentas al espejo de la entrada, donde puedes verte enterita: de la cabeza a la cola.
Por debajo de la puerta aparece una nota de Paquito: sobre una hoja arrancada de una libreta de cuadros una letra de pulso dudoso escrita con lápiz naranja: ‘¿Quieres jugar?’ Ay Paquito, y te ríes. Abres la puerta y lo ves ahí, agachado. Entra bobo, que no hay nadie.
A Paquito siempre le gustaron más las Barbies, quizá porque tenía un lado femenino muy desarrollado o porque estaba cansado de sus propios muñecos. Solías invitarlo cuando jugabas con ellas a ser personajes de ‘Prometeo encadenado’ o ‘El avaro’. Pero él prefería jugar sin leer, porque leyendo era demasiado aburrido. Tú en cambio, alucinabas con los Transformers, pero cómo te costaba transformarlos de muñeco a coche. Acabaste por cargarte la mitad forzando a que se doblasen partes definitivamente rígidas. Qué bruta. ‘¿Hacemos hamburguesas?’. ‘Vale, pero tráete también tus muñecos’. Así fabricaron decenas de hamburguesas y cientos de papas fritas hechas con la plastilina más exquisita de los alrededores. Y todos los peluches, (hasta los que les faltaba algún ojo), muñecas descabezadas, figurillas endebles y demás personajes fueron alimentados fastuosamente, aceptados en sociedad y queridos por igual.


03.00 a. m
Alguien grita en las escaleras. Bueno, más que gritar insulta. Y con cuánta habilidad, madre mía. ¿Cómo pueden encadenarse tantas palabrotas tan fluidamente y manteniendo una relativa coherencia? Seguro que es Adolfo, el del séptimo, el que tiene un parche en el ojo. Contigo se porta bien, pero tú sabes que es malo. 
Menos mal que no todos son así. El vecino de arriba toca el violín y el del cero es en realidad un oso de juguete. Por eso es tan gordito, marrón y habla con esa voz que parece de mentira. Pero contigo puede estar tranquilo, que tú le guardarás el secreto, (nadie se ha dado cuenta todavía). También está Avenchara y su hermano sordomudo. Son muy simpáticos pero huelen un poco raro. Yo creo que es por los perros. Son enormes y están por toda la casa. Es que es verdad lo que dice mamá, meter nueve presas canarios en un piso tan pequeño es una guarrada. Bueno y claro, también está Paquito. Pero hoy no te defendió en lo de los patines.
Tú querías hacerte amiga de Astrid, porque es la más guapa y más rubia del bloque. Esta tarde te pidió los patines y se largó. Estuviste más de tres horas descalza esperando en el banco. Por tonta. Desde que apareció le pediste que te los devolviera. Se puso muy pesada pero al final te los dio, y cuando te los estabas poniendo sus amigas empezaron a pegarte patadas por la espalda. Paquito te miraba desde el murito de allá, pero no se acercó ni dijo nada. Entonces, mal que te pese, cogiste por los pelos a Astrid y le pegaste un rodillazo en el estómago. Luego te fuiste llorando. A mí me da que ya va a ser difícil que sea tu amiga.


14.30 
C.P. Pedro Lezcano.
Hoy Tania Suárez te ha dicho que está embarazada. ¡Qué emocionante! ¡y qué miedo! Has prometido ayudarla en todo, que aunque tengas 9 años entiendes mucho de la vida. No ha querido contarte mucho más, sólo que fue por un beso que le dieron. Creo que tendrás más cuidado la próxima vez que alguien vaya a darte un beso.
Astrid está muy simpática después de lo que pasó y Caco, que se enteró de todo, dijo algo sobre ganarse el respeto. En fin, mañana es cuando te mudas pero esta tarde has quedado con Paquito para buscar cosas.


17.30
Están con Montse, la hermana de Paquito. Cerca del instituto. Allí hay un solar enorme lleno de basura. Se encuentra de todo: latas vacías, trozos de cartón, papel de burbujas, gafas de plásticos rotas, casetes con el rollo por fuera, etc. Les encantaba fabricar pequeños tesoros. De repente te dio por mirar a Paquito. De rodillas en la tierra, jugaba con algo como un chicle. Siempre se le asomaban ligeramente las paletas cuando se reía. 


Aún después de que pasasen muchos años lo recordarías, y te preguntarías qué le habría pasado, cuál sería su historia… si sería feliz… si seguía vivo. Al final sólo supiste de su hermana: bulímica, cocainómana, con tres hijos y dos abortos.