domingo, 28 de febrero de 2010

Algo Distinto, Luis O´Malley


ALGO DISTINTO


Avenida Marítima
Luis O´Malley



Al camarero le pido una cerveza. Voy a perder la línea.
Todos los días, no fallo ni uno solo, me voy a correr a la avenida. Pantalón de licra, música a toda mecha, las playeras, una faja para sudar, una camisa y una chaqueta de chándal.
A perder líquido, a perder la barriguita. Que a las tías no les va la panza cervecera.
Pero al camarero le pido una cerveza. Y que me active la máquina del tabaco.
Son las dos de la mañana. Una cerveza, un cigarro, pantalón de licra.
Estoy empapado, lleno de arena.
Me acabo de enamorar.
Si, necesito beber esta cerveza.


Trabajo en el ayuntamiento, soy funcionario, gano lo suficiente para pagarme mis cosas; un pisito alquilado, la comida, poco más. Porque no tengo demasiados vicios, y tampoco tengo pareja.
Porque no tengo pareja. Eso espero que quede claro, que estoy libre.
Total, que mi vida va bien, tranquila. Treinta y un años. Tengo amigos, dos o tres, ¿para qué más?
La cerveza no está mal.
Me acuerdo de ti. Creo que tendré que pedir otra.


Me pasa por curioso. Estas cosas me pasan por curioso. He ido corriendo por esa avenida muchos días en los últimos tres meses desde que decidiera empezar a hacer deporte, he visto ese barco oxidado y varado muchísimas veces. Pero quizás sea el destino que no quería que hasta esta noche me entrara la curiosidad, decidiera bajar por el mástil que está pegado a la avenida y ver que había en el interior del barco.
¿Qué puede haber dentro de un barco varado?
Olor a óxido. A salitre. 
Y agua, a los cinco metros había agua. Y en el agua estabas tú.
Y te vuelvo a recordar. Tengo que beber otro buen trago de cerveza. 
Porque al verte caí muerto. Mi corazón se paró. Yo lo noté. Eso es lo que le pasa a la gente que ve a… bueno… a seres como tú.
Y entonces, muerto en mitad del barco varado, te acercaste reptando hasta que el agua no te permitió ir más allá. Alcanzaste mi mano y la besaste. Mi corazón volvió a latir. Y te vi cerca, yo en la parte sin agua, tú disfrutando del salitre. Y me enamoré de ti. No por salvarme la vida, no por el beso en la mano.
Fue porque sabía que tú eras quien podía iluminar mi vida.
Pero es un amor imposible. Lo sé. No puedo enamorarme de una sirena. Aunque tú tampoco de un ser humano. Pero seguro que algo has sentido por mí, eso lo se yo.
Sobre todo cuando valiente yo, invadí tu parte de agua y te besé.


En esta ciudad se me agota el amor. Supongo que por eso lo encontré en el mar.
Pero eres una sirena. No puedo enamorarme de una sirena.
Tengo que beber un poco más.


Al besarte te quedaste un largo rato en silencio. Mirándome como si fuera la primera vez que vieses a un humano. Yo creí que estabas furiosa, por eso de robarte un beso.
Pero no. Creo que te gustó.
Porque me agarraste por la cintura y me tiraste al agua.
Y fue como si bailásemos en alta mar. Como si tuviéramos una sincronización perfecta entre tú, yo y las olas. 
Era como estar soñando. Pero no, sé que pasó de verdad.
Sé que tú eres real.


El camarero me mira. Van a cerrar.
Me marcho del bar, camino por las calles.
Iré a la avenida otra vez.


En esta ciudad se me agota la respiración. Por eso la encontré en tu pecho.
Porque viajamos por el océano y cada vez que me faltaba el aire, me lo dabas con tus besos. 
Pero luego me desanimaba cuando me parecía que por momentos lo tuyo conmigo no era amor, era simplemente un juego.
Y yo no estoy para juegos. Lo siento.
Estoy para que el amor sea una partida de taquicardias sublimes.


Voy de camino a la avenida. Me saco una cerveza de una máquina.
Te aseguro una cosa, no soy un bebedor empedernido. De hecho no me tomo más de dos en una noche.
Pero hoy es distinto. No todos los días se conoce a una sirena.
Necesito un par de tragos para no pensar en ti.
Pero pienso. Y pienso mucho.
Sé que hoy no dormiré. Necesito llegar a una conclusión.
Porque aún recuerdo que al despedirnos te rogué que no te fueras. Y tú me dijiste que lo nuestro es imposible. 
Pues no te hubieras acercado a mí. Ahora es tarde.


Y te dije que me dieras una oportunidad para demostrarte que lo nuestro merece la pena el intento. Que seré lo que tú quieras que sea. Que si tengo que convertirme en pez, o fabricarme unas branquias, o ponerme aletas, yo lo hago.
Yo por ti hago lo que sea.
Aunque no se ni tu nombre, ni tu el mío. Pero eso da igual, es lo de menos. Porque el uno conoce el sabor de los besos del otro. Y ya está.
Porque esta noche he pensado y dicho más cosas bonitas que en toda mi vida.
Y todo por ti.


En esta ciudad se me agotan las sonrisas. Ahora las veo en el agua.
Porque con recordarte me siento feliz. Es una tontería esto que pienso, yo lo se. Pero es verdad, qué quieres que haga, no te puedo mentir. Además, en este estado mentir es imposible, bien lo sabes tú.
Me gustaría decirte muchas cosas. Si te tuviera delante, te diría todo aquello que me callé hace un rato, cuando ya agotado nuestro tiempo me dejaste en la orilla de la playa, lleno de arena y vacío de ti.


La cerveza se me agotó. Y mis pasos van a dar a la avenida.
Estoy frente al mar. Ojalá asomaras la cabeza y gritándome me invitarás a entrar en tu mundo.
Que maravilloso país donde vives.
Por eso que me enamoré de ti. 
Porque todo lo que te rodea a ti es algo distinto a todo lo que me rodea a mí. 


Todavía recuerdo que lo último que me pediste fue que te diese una razón que te lanzara a luchar por mí. Y que si esa razón era lo suficientemente poderosa, entonces tú reaparecerías entre las olas para arrastrarme contigo hasta el fondo del mar.
Luego te marchaste corriendo. No me dio tiempo a preguntarte como podía hacer algo así.
Y no sé cómo hacerlo, de verdad. Estoy desesperado por demostrarte que por ti haría lo que fuera. Lo que sea. Que me ahogaría luchando contra tempestades.
Te conozco hace un rato. Y sé que esto es una locura.
Pero ojalá todas las locuras de mi vida fueran así.


Conozco poco de las sirenas, solo leyendas, y que tienen poderes. Incluso he llegado a leer que son capaces de leer los pensamientos de la gente.
A lo mejor esto no está funcionando.
Pero yo pienso todo lo que tenía ganas de decirte, porque quizás allá, en mitad del océano, estés escuchando cada palabra que ahora estoy pensando.


Y sigo pensando palabras tan rápido como pienso en ti.
Mi camino se acaba frente a las olas que chocan en el muro de la avenida.
Te espero en una señal.
No se si todo lo que he pensado te haga recapacitar para que luches por mí.
Dios mío, no se si lo que pienso lo estás escuchando si quiera.
Espero que sí.


Te juro que no son las cervezas, ni la novedad de saber que eres una sirena. Es porque me parece que al menos por una buena temporada lo nuestro podría ser tan hermoso como inesperado.
Entiéndeme bien, lo nuestro podría no ser eterno, pero si genial.
No se, pero creo que en la mezcla de polos opuestos está el verdadero amor.


No pienso más. No te puedo decir más.
Ahora, mirando al mar, contaré hasta tres, y al llegar a tres ojalá todo lo que he pensado te haya conmovido hasta tal punto que de repente salgas del agua, y de un abrazo me lleves contigo a darnos un par de tiempos felices.
Ojalá que al llegar a tres algo brille en mitad del mar, y seas tú quien venga a buscarme.


Porque ya no tengo nada más que pensarte.


Y tiro la cerveza a un lado.
Y respiro profundamente.
Y empiezo a contar hasta tres.
Uno…
Dos…
Tres.

6 comentarios:

  1. Que guay!! fantasía pura en nuestra avenida, soy fan tuya. Jejeje saluditos!!

    ResponderEliminar
  2. Ey, qué buena historia!! Es como...tú!!!

    ResponderEliminar
  3. una partida de taquicardias sublimes; me encanta esta frase Luis

    ResponderEliminar
  4. Simplemente, me encanta!!!!

    Cris

    ResponderEliminar
  5. ¡¡dios mío!! GRACIAS por esta historia. Es ¡¡preciosa!!, conmovedora, original, triste y alegre... Y yo que iba a decir que me había quedado sin palabras y mira...

    ResponderEliminar
  6. Felicidades Luis, gran relato, muy evocador. Me quedo con "Estoy para que el amor sea una partida de taquicardias sublimes.", una frase genial, definitoria de lo que es el amor.

    Un abrazo¡¡¡¡¡

    ResponderEliminar