domingo, 14 de febrero de 2010

Pequeño Mundo, Tania Rodriguez

Tania Rodriguez



"PEQUEÑO MUNDO".



Tania Rodriguez
Valle de Jinamar


II Fase. Bloque 21. 6º C
22.45
“Calabaza, calabaza, cada uno p’a su casa”.
Esa era la famosa frase de tu mamá para echar a Paquito, que venía significando: “niño vete ya, que me tienes profundamente saturada”. Y el pobre se reía, claro. Sólo tenía que abrir la puerta y caminar un paso: 6º D, ya estaba en casa. Mañana era sábado y ya sabías que ibas a aburrirte. Encima el ascensor estaba roto otra vez. Mejor, así no vuelves a ensuciarte los dedos de escupitajos al marcar el piso.


12.30
“El aaaaagua tenteniguada señoressss… eeel aguaaa”.
Desde tu cama ves el bloque 24 y una esquina del Ram. Qué divertido sería tener un catalejo de esos que puedes ver a todo el mundo desnudo. Bah, el cuarto de Paquito es menor porque se ve la carretera y se puede jugar a lo de elegir coches. Él siempre elige los blancos y te deja los rojos, pero tu sabes que eso es trampa porque siempre gana por los taxis y las ambulancias.
Te vas a ver la tele, toda tu ristra de series: “El señor Belvedere”, “Un robot en casa”, “La tribu de los Brady”, “California Dreams”, “Los vigilantes de la playa”, etc. Y ya, con la cabeza cuadrada y el signo de antena 3 marcado en la frente, preguntarle a papá si te deja salir un rato. ‘¿A la calle?, ¿para qué? No tienes por qué salir, yo no quiero que te juntes con esa gente y te conviertas en una callejera malcriada’. Tú ya sabes por qué dice eso. Ayer te vio hablando con Gloria la del once, la que tiene los mofletes llenos de hoyitos de neumático por el accidente que le atropelló la cara. Pero te gustaba oír sus carcajadas de animal contento.


18.30
La cosa era esconder todos los juguetes pequeños, los del Mc’Donalds y los de los huevos Kinder. Esconderlos en medio de la plastilina verde. Luego había que leer a Espronceda (Poesías líricas), en voz alta. Sólo aquel montículo verde al que le salía bien de una vez, entero y sin fallos en la pronunciación ni cualquier otro tipo de equivocaciones, era liberado de la asfixia y se le perdonaba así la vida. De todas formas el juego ya era aburrido. Los poemas te los sabías casi de memoria y al final todos sobrevivían.
Después te duchas, y como te chorrea el pelo te pones una toalla azul en la cabeza. Pero al final no es una toalla, sino tu pelo, porque eres una sirena incapaz de comer algo que no sea galletas Príncipe. Las abres así por la mitad y te comes sólo el chocolate de un lado. Serás tramposa. Acabas de llegar a la Tierra, (porque eres una sirena de otro planeta, claro), y estás impresionadísima con todo. Así se lo cuentas al espejo de la entrada, donde puedes verte enterita: de la cabeza a la cola.
Por debajo de la puerta aparece una nota de Paquito: sobre una hoja arrancada de una libreta de cuadros una letra de pulso dudoso escrita con lápiz naranja: ‘¿Quieres jugar?’ Ay Paquito, y te ríes. Abres la puerta y lo ves ahí, agachado. Entra bobo, que no hay nadie.
A Paquito siempre le gustaron más las Barbies, quizá porque tenía un lado femenino muy desarrollado o porque estaba cansado de sus propios muñecos. Solías invitarlo cuando jugabas con ellas a ser personajes de ‘Prometeo encadenado’ o ‘El avaro’. Pero él prefería jugar sin leer, porque leyendo era demasiado aburrido. Tú en cambio, alucinabas con los Transformers, pero cómo te costaba transformarlos de muñeco a coche. Acabaste por cargarte la mitad forzando a que se doblasen partes definitivamente rígidas. Qué bruta. ‘¿Hacemos hamburguesas?’. ‘Vale, pero tráete también tus muñecos’. Así fabricaron decenas de hamburguesas y cientos de papas fritas hechas con la plastilina más exquisita de los alrededores. Y todos los peluches, (hasta los que les faltaba algún ojo), muñecas descabezadas, figurillas endebles y demás personajes fueron alimentados fastuosamente, aceptados en sociedad y queridos por igual.


03.00 a. m
Alguien grita en las escaleras. Bueno, más que gritar insulta. Y con cuánta habilidad, madre mía. ¿Cómo pueden encadenarse tantas palabrotas tan fluidamente y manteniendo una relativa coherencia? Seguro que es Adolfo, el del séptimo, el que tiene un parche en el ojo. Contigo se porta bien, pero tú sabes que es malo. 
Menos mal que no todos son así. El vecino de arriba toca el violín y el del cero es en realidad un oso de juguete. Por eso es tan gordito, marrón y habla con esa voz que parece de mentira. Pero contigo puede estar tranquilo, que tú le guardarás el secreto, (nadie se ha dado cuenta todavía). También está Avenchara y su hermano sordomudo. Son muy simpáticos pero huelen un poco raro. Yo creo que es por los perros. Son enormes y están por toda la casa. Es que es verdad lo que dice mamá, meter nueve presas canarios en un piso tan pequeño es una guarrada. Bueno y claro, también está Paquito. Pero hoy no te defendió en lo de los patines.
Tú querías hacerte amiga de Astrid, porque es la más guapa y más rubia del bloque. Esta tarde te pidió los patines y se largó. Estuviste más de tres horas descalza esperando en el banco. Por tonta. Desde que apareció le pediste que te los devolviera. Se puso muy pesada pero al final te los dio, y cuando te los estabas poniendo sus amigas empezaron a pegarte patadas por la espalda. Paquito te miraba desde el murito de allá, pero no se acercó ni dijo nada. Entonces, mal que te pese, cogiste por los pelos a Astrid y le pegaste un rodillazo en el estómago. Luego te fuiste llorando. A mí me da que ya va a ser difícil que sea tu amiga.


14.30 
C.P. Pedro Lezcano.
Hoy Tania Suárez te ha dicho que está embarazada. ¡Qué emocionante! ¡y qué miedo! Has prometido ayudarla en todo, que aunque tengas 9 años entiendes mucho de la vida. No ha querido contarte mucho más, sólo que fue por un beso que le dieron. Creo que tendrás más cuidado la próxima vez que alguien vaya a darte un beso.
Astrid está muy simpática después de lo que pasó y Caco, que se enteró de todo, dijo algo sobre ganarse el respeto. En fin, mañana es cuando te mudas pero esta tarde has quedado con Paquito para buscar cosas.


17.30
Están con Montse, la hermana de Paquito. Cerca del instituto. Allí hay un solar enorme lleno de basura. Se encuentra de todo: latas vacías, trozos de cartón, papel de burbujas, gafas de plásticos rotas, casetes con el rollo por fuera, etc. Les encantaba fabricar pequeños tesoros. De repente te dio por mirar a Paquito. De rodillas en la tierra, jugaba con algo como un chicle. Siempre se le asomaban ligeramente las paletas cuando se reía. 


Aún después de que pasasen muchos años lo recordarías, y te preguntarías qué le habría pasado, cuál sería su historia… si sería feliz… si seguía vivo. Al final sólo supiste de su hermana: bulímica, cocainómana, con tres hijos y dos abortos.

5 comentarios:

  1. Bonito puzzle de recuerdos. Creo que has conseguido devolvernos a la infancia de cada uno con detalles que, si bien no corresponden con la experiencia personal de cada uno, si logra transportarnos a la niñez. Borja

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  2. Que bonito. Parece una fotografía hecha a base de palabras.
    Es una realidad bien escrita.
    Enhorabuena.

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  3. Gracias por invitarme a ese mundo alienigena Tania. Es curioso como aunque una crece en otro mundo (como la sirena :D) tiene infancias similares

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  4. Fantástico, es muy visual y cercano en mi caso. Me encanta la estructura y lo dinámico que es. Felicidades!!

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  5. Muy, muy bonito. Me ha encantado, así vivía uno de pequeño, y no de otra forma. Me encanta la perspectiva infantil que le diste a las cosas. Precioso.

    (Alex, que acaba de descubrir que puede poner su nombre sin registrarse)

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