miércoles, 3 de marzo de 2010

La Niña de las Canas, Nazareth Lezcano Cabrera














LA NIÑA DE LAS CANAS


Triana
Nazareth Lezcano Cabrera


 Había estado lloviendo todo la noche en Triana, una alfombra acristalada cubría el suelo de piedra reflejando en él todo el cielo de la mañana, la cual amenazaba con un tímido sol que hoy se antojaba remolón tras su edredón de nubes grises.
    Era una mañana de jueves, para algunos triste y oscura, para mí, la más hermosa de las mañanas tan sólo por el mero hecho de ser la mañana del jueves, el mejor momento de la semana, el día de mi encuentro con “la niña de las canas”, mmmm... mi dulce “niña de las canas”, la criatura más hermosa sobre esta tierra, daría mi vida por ella,  por sus manos de dedos largos, sus ojos negros en los que se asoma la inmensidad de la tristeza y de la pérdida, por sus labios, centinelas que evitan a toda costa la sonrisa y por su pelo, sí, su pelo, una marea descontrolada de ondas y remolinos en los que la luna ha teñido con gracia caminos plateados en la cabeza de una muchacha. Mi muchacha, mi “niña de las canas”. Y en esta mañana de jueves nos encontraremos, en el mismo lugar, a la misma hora, siempre en jueves, siempre en la mañana, solos, ella y yo y la multitud de la calle, compartiremos un momento que pasará, se marchará para dejarnos con el anhelo de vivir el siguiente, el próximo jueves.
    Comienza mi itinerario, es temprano, algunas tiendas comienzan a levantar sus telones para la función del día, Sabina, la barrendera, aparece en la esquina de la calle Domingo J. Navarro, sus caderas anchas se contonean a ritmo de una samba, qué mujer, muchos quisieran bailar con ella  en una buena cama, es cálida y ardiente a la vez, en su piel resbalan pequeños diamantes, nadie trabaja como Sabina, que se aferra a su escoba con fuerza, afortunado trozo de madera, es una diosa Sabina entre mortales por eso me cuesta dejar de mirarla y mi ruta zigzaguea  pero una farola roja se cruza en mi camino regresándome a la realidad,  la esquivo, en un banco del mismo color que la farola un viejo ríe, lo miro y me veo reflejado en sus ojos cubierto de cataratas, <<ése hombre no ve nada>>, tampoco se pierde gran cosa, pues una señora de más edad que el propio viejo, en cuyos párpados hay cortinas azules, su boca es roja y parte de ese rojo ha caído en sus dientes, le hace señas desde el banco de en frente.
    Sigo recto, paso la esquina con Perdomo, respiro profundamente, huele dulce, se mezcla con la humedad del ambiente. Siguiendo  el olor llego a la dulcería más famosa de la ciudad, hay una cola considerable para la hora que es. En ese momento diviso la sombra de “el canelo”, será cabrón, mis pelos se erizan, “el canelo” es mi mayor enemigo, mi némesis, mi profesor Moriarty, aunque para ser sinceros, es él quien tiene más de Sherlock Holmes. Tendré que contenerme, mi cuerpo me pide guerra, pero debo contenerme, él no me ha visto así que subo por la primera transversal que me encuentro,  calle Arena, en ella varios muchachos descargan mercancías en un tienda, las cajas son grandes y parecen pesadas, de verlos trabajar el cuerpo se me cansa, salgo a Cano, muy fina, demasiadas tiendas buenas para mi gusto. Vuelvo a bajar hacia Triana por Travieso, una sandwichería me distrae, tengo hambre, me doy cuenta en el momento que mis tripas acompañan a un chico extranjero al compás de su guitarra. Lo siento por mí, pero mi “niña de las canas” aguarda en la fuente de la cabeza flotante.
    Dos niños me llaman despectivamente, me extraño, deberían estar en clase, pero como nunca me han gustado los niños  los ignoro, ellos me persiguen un rato hasta que cambian su objetivo. Piso con fuerza los raíles del Tranvía, estoy pisando Historia, no se puede pisarla de cualquier manera, mi andar se vuelve más fino, más elegante hasta recuperar mi desgarbo habitual tras dejar atrás el último trozo de metal.
    Va quedando menos y mi corazón se dispara. Al llegar a Malteses voy a mil por hora, cruzo sin mirar, un coche me toca un bocinazo, <>, soy el príncipe en busca de la princesa, y eso que siempre me he sentido muy republicano. No puedo evitarlo y acelero el ritmo. Una mujer casi tropieza conmigo al salir de una tienda, va pegada a su móvil dando voces, será el cocodrilo de mi foso, pero hoy no habrá quien me detenga, la esquivo, ella está muy metida en la conversación para notar mi victoria en nuestro encuentro. La próxima vez será.
    La fuente con la cabeza flotante aparece ante mí, mi princesa está  allí, sentada, parece formar parte de la composición, sólo que ella es un ángel en la macabra representación de cráneos grises. Varias palomas de aspecto enfermizo rondan el agua. En mi mente suena una canción olvidada y recordada, mariposas de colores flotan en el aire que se vuelve onírico, ella me mira, el mundo se detiene, solos, como cada jueves, ella y yo y la multitud de la calle. Me llama suavemente con un gesto de su mano de porcelana, me acerco a ella, temeroso como el primer día, me siento a su lado. Suavemente sus dedos se enredan en mi pelo. Rezo todo lo que sabe rezar un ateo para que ese momento no se acabe. La sensación que invade mi cuerpo me hace enloquecer de placer,  mi respiración está descontrolada, mis cuatro patas tiemblan y mi rabo se bate de izquierda a derecha a gran velocidad. Explota un boom dentro de mi cabeza, nuestro ojos no han perdido el contacto en ningún momento, pero se acerca la hora de decir adiós, ella vuelve su vista al vacío, se aleja de mi, una de esas muchas señoras “de cuna” de la zona la mira con compasión mientras le tiende unas monedas, ojalá yo pudiera cuidarla, ocuparme de ella, ojalá yo no fuera lo que soy o ella no fuera lo que es. Tal vez en otra vida nos toque encontrarnos y amarnos, o quizás... ya lo hicimos. Sí, es eso, ya lo fuimos mi “niña de las canas” fuimos tan felices que nos castigaron por ello, lo veo en los recuerdos del alma, nos veo juntos, amándonos, solos tú y yo, y la multitud de la calle.
    Me despido hasta la mañana del próximo jueves, recorro mis pasos con el vestido de sus caricias en mi cuerpo. 
    De nuevo diviso al “el canelo”, esta vez la bronca está asegurada...

17 comentarios:

  1. Qué bonito fefa, me cautivó hasta el final. Un amor imposible pero eterno. Snif snif.

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  2. Me ha encantado, he paseado por toda Triana. Y me ha gustado mucho las imagenes que me ha evocado.

    Néstor Bolaños

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  3. Yo creo que cada palabra de este entrañable relato y por no decirlo, para mi gusto magnífico, nos traslada a cada uno de nosotros a hacernos participes de él, nos imaginamos que somos ese "animal" y recordamos momentos que nos han hecho felices en triana. Felicidades.

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  4. ole ole y ole!!!!!que relato mas bonito lo e vivido intensamente ace recordar la vivencia de esas calles,enorabuena espero que continues escribiendo cosas tan bonitas como estas un beso enorme

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  5. Muy bonito este relato, leerlo es entrar en una historia llena de ilusión como la de ir cada dia a esa calle, sigue escribiendo eres genial un besote

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  6. Me ha gustado mucho el relato,,sabes que tienes un don para escribir ,sigue así ,un beso :))

    Yasmina

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  7. CARIÑO ES MARAVILLOSO SE QUE ERES GENIAL PERO NO DEJAS DE EMOCIONARME

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  8. Me ha encantado pasear por triana a través de estos ojos tan peculiares, y me alegra ver que hay mucho de ti en el relato.Oye,como te gustan los amores imposibles - bueno,lo confieso,a mi también. Jessi.

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  9. Gracias por el paseo Nazareth, ha sido uno de esos momentos que te llenan un poco el pecho y despues no te atreves a respirar just in case; congrats

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  10. Muy bonito, dice mucho de la persona que lo ha escrito.

    Un beso Nazareth.

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  11. Es un relato muy emotivo y que arte para redactar. Felicidades por tu talento.
    Delia

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  12. QUE DESIRTE QUE NO TE HAYAN DICHO YA, ME A ENCANTADO SIGUE ASI QUE LO PROXIMO SERA EL LIBRO Y LO VERE SEGURO, SERE TU FAN NUMERO UNO
    UN BESO JAVI

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  13. Prima nunca es tarde,vale la pena esperar para leer algo tan bueno,me encanto y soy super fans tuyo ,como dicen los marineros ,PREPARENCE QUE VIENE LA OLA,UN BESO.

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  14. Me ha parecido un relato muy intenso, lleno de emociones profundas que te hacen no desviar la atención de lo que estás leyendo, porque a cada paso es mas interesante.Gracias y felicidades.

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  15. Hace tiempo que deseaba leer un relato de los de siempre, de los de ya casi nunca; un texto que a cada paso trasnmite sonidos, olores y sabores entrañables. "La niña de las canas" ha llevado de paseo a mi alma por lugares donde mi cuerpo corretea cada día sin pararme a disfrutarlos. Necesitamos obras como esta para ayudarnos a sobrellevar lo cotidiano, y está claro que tienes las cualidades y la calidad necesaria para ocupar un espacio en las letras de este pais, es hora de que reclames tu parcela. Si tienes un Don y trabajas para pulirlo todos tenemos derecho a disfrutarlo.
    Gracias Nazareth por este regalo

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  16. Naza, ya te lo dije en persona, pero que quede constancia de que este relato me ha parecido tan bonito como romántico, muy entrañable. Te lleva de paseo por la zona y por los recuerdos de quién ha sentido un amor así.
    Enhorabuena.

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  17. es un bonito cuento,sigue escribiendo y trabajando

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